Orduña comprometida con la construcción de la Soberanía Alimentaria y la defensa de la Biodiversidad

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL

Orduña comprometida con la construcción de la Soberanía Alimentaria y la defensa de la Biodiversidad

El sistema alimentario mundial, europeo, vasco, local, se encuentra en una profunda crisis, provocada por la hegemonía del modelo de agricultura industrializada. Este modelo está controlado por unas pocas empresas transnacionales de la alimentación -más un pequeño grupo de grandes superficies de distribución- que persiguen únicamente la maximización de sus beneficios, considerando así a la alimentación una mercancía y no un derecho.

De esta manera, en lugar de centrase en la producción de productos sanos, priorizan los monocultivos depredadores y los alimentos genéticamente modificados; frente al objetivo fundamental de alimentar a la población del planeta, priorizan el uso de la tierra para la producción de agrocombustibles; frente a los derechos de las y los campesinos y trabajadores agrícolas, controlan los precios y reducen los costes de producción a través de la explotación y la exclusión del sistema; frente a la defensa de la biodiversidad y de los bienes naturales, apuestan por su privatización y su uso incontrolado y cortoplacista.

El resultado de este proceso de mercantilización del agro es claro: masiva desaparición de fincas agrarias y de las personas que con ellas tenían su medio de vida; generalización de la pobreza agraria a través de la exclusión y del empeoramiento de las condiciones laborales –especialmente en el caso de las mujeres-; promoción de una dieta alimentaria dañina para la salud y con escasa presencia de frutas, verduras y cereales; riesgos crecientes para la salud de los y las consumidoras; un sistema de producción antiecológico e insostenible, que depende de energías fósiles finitas y que reduce la biodiversidad y la fertilidad de la tierra; un modelo que, en definitiva, contribuye directamente al cambio climático, realidad de funestas consecuencias para el conjunto del planeta.

Así, la situación de pobreza y hambre en la que se encuentran más de mil millones de seres humanos, y la dramática situación que se está viviendo actualmente en el Cuerno de África, son consecuencia directa de la agroindustria, y el reverso de una gran paradoja: existe un superávit de alimentos industriales que bien se acaban desperdiciando, o bien se exportan subvencionados a mercados dentro y fuera de Europa, destruyendo las producciones locales.
 

Pero este modelo agroindustrial no cae del cielo. Así, los responsables de esta situación son precisamente las instituciones que lo impulsan y fortalecen. Son las políticas agrarias, alimentarias, financieras, energéticas y de comercio que nuestros gobiernos, con la Unión Europea a la cabeza (especialmente a través de la Política Agrícola Común), quienes, junto con las instituciones financieras multilaterales y las grandes corporaciones, vienen aplicando el rodillo mercantilista. El ejemplo de las políticas de desregulación y liberalización de mercados agrarios, así como la especulación financiera en torno a las materias primas –responsables del alza de precios- no es más que un lamentable botón de muestra.

Pero hay alternativa. Frente a esta situación, solamente será posible un giro profundo en el sistema alimentario mundial a través de una completa reorientación de las políticas y prácticas agrícolas y alimentarias. Es vital y urgente que logremos rediseñar el sistema alimentario basado en otros principios, otros valores, otros contenidos. Frente a la agroindustria, trabajemos por la soberanía alimentaria.

¿Pero que es la soberanía alimentaria? Ante todo, se trata de un modelo alternativo que entiende a la alimentación como un derecho, y no como mercancía; que prioriza, frente al beneficio económico, el respeto a la madre naturaleza, la biodiversidad, las condiciones de vida de las y los productores, la salud de los consumidores, y la participación de todos y todas en las decisiones que nos afectan. La Vía campesina la define como “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles y producidos de forma sostenible y agroecológica”. Podríamos añadir que también es el derecho de los pueblos del mundo al suelo (a la tierra) del que vivir, a la vez que es su deber de cuidar este suelo (esta tierra) del que vivir las futuras generaciones.

De esa forma, y en primera instancia, la Soberanía Alimentaria se convierte en alternativa, en estrategia, y formula medidas para que las gentes campesinas puedan recuperar sus medios y formas de vida. Pero no se trata únicamente de eso: la recuperación de la Soberanía Alimentaria incide directamente en el bienestar de toda la humanidad, en términos ecológicos, de salud, de diversidad, de igualdad, de lucha contra la pobreza. Estos valores añadidos, estos beneficios sociales deben ser conocidos y compartidos por toda la sociedad:

  1. Ser proveedora de alimentos sanos y de calidad, eludiendo las alarmas alimentarias.

  2. Permitir a las pueblos campesinos empobrecidos del Sur, retomar su vida con dignidad, erradicando el hambre y la pobreza.

  3. Ser motor de una nueva economía ruralizada, relocalizada y sostenible; fuera de los movimientos especulatorios y financieros.

  4. Ser proveedora de alimentos producidos agroecológicamente, para asegurar la salud del Planeta.

  5. Contribuir a “enfriar el Planeta”.

  6. Asegurar un Planeta rico y biodiverso en especies animales y vegetales.

  7. Recuperación de conocimientos campesinos y de la cultura alimentaria de toda la población.

  8. Ayuda a la incorporación de más personas (empleo) a la actividad agraria.

  9. Desarrollar y fortalecer las alianzas entre organizaciones, además de crear vínculos entre la población agraria y urbana.

Por ello, La ciudad de Orduña se une al proceso europeo de recuperación de la Soberanía Alimentaria, sobre los cimientos de la Declaración de Nyéleni, conclusión del Foro por la Soberanía Alimentaria, celebrado en Malí en 2007. Esta declaración reafirmó el derecho de los pueblos a definir democráticamente sus propios sistemas agrícolas y alimentarios, sin poner en riesgo a las personas o al medio ambiente.

Orduña quiere ser una de las muchas experiencias locales de restauración de un sistema alimentario local - comarcal que demuestre que la construcción y la práctica de la Soberanía Alimentaria no solo es posible, es urgente, es estratégica, es esencial.

Orduña reitera su apuesta por valores basados en el respeto de los derechos humanos; en la libre circulación de personas, y no del capital; en la solidaridad y la cooperación frente a la competencia; en la democracia real frente a la democracia corporativa, en el derecho ciudadano a participar e involucrarse en cualquier tema de interés público, así como en el proceso de la elaboración de las políticas, decidiendo de manera colectiva cómo organizar nuestros sistemas alimentarios.

En este sentido, estamos convencidos y convencidas de que la Soberanía Alimentaria no solamente es un primer paso hacia un cambio en nuestros sistemas agrícolas y alimentarios, sino que también es un paso hacia un cambio más amplio dentro de nuestras sociedades, empezando por nuestra propia ciudad. Así, Orduña se compromete a:
 

1.- Transformar la manera en que se producen y consumen los alimentos

Estamos trabajando por unos sistemas alimentarios locales-comarcales resilientes, que proporcionen alimentos seguros y saludables para todas las personas, a la vez que mantengan la biodiversidad y los recursos naturales y aseguren el bienestar de los animales. Esto requiere de modelos agroecológicos de producción, así como la existencia de una gran cantidad de campesinos y campesinas, y de personas que cultivan huertos urbanos que produzcan alimentos locales como base del sistema alimentario.

Nos comprometemos a seguir promocionando y asesorando a las producciones ecológicas comarcales mediante nuestro servicio municipal EKOIZPEN. Luchamos contra el uso de transgénicos y cultivamos y recuperamos variedades no modificadas genéticamente de semillas y de razas ganaderas. Promovemos formas sostenibles y diversas de culturas alimentarias, en particular el consumo de alimentos locales, de alta calidad y de temporada, y no los productos de la gran industria. Esto incluye productos animales, que deberán ser producidos localmente sin la utilización de piensos transgénicos. Nos comprometemos en recuperar y promover las habilidades culinarias y el conocimiento sobre el procesamiento de alimentos a través de la formación y el intercambio de conocimientos.
 

2.- Cambiar las maneras en que se distribuyen los alimentos

Trabajamos por la descentralización en las cadenas alimentarias, promoviendo mercados locales diversificados basados en la solidaridad y en precios justos, acortando los canales de distribución, intensificando las relaciones entre personas productoras y consumidoras a través de redes locales alimentarias, en las que juegan un papel de excepcional relevancia las infraestructuras públicas de consumo colectivo (cocina municipal), la gestión de las cuales nos comprometemos a modificar para ir generando procesos de reforzamiento de los sistemas locales de alimentación, y para enfrentar la expansión y el poder de las grandes superficies de distribución y de las corporaciones alimentarias. Queremos posibilitar que la gente pueda construir sus propios sistemas de distribución de alimentos y permitir a campesinos y campesinas producir y procesar alimentos para sus propias comunidades. Para esto se requieren normas sanitarias e infraestructuras locales alimentarias que apoyen a los pequeños productores, hombres y mujeres. También trabajamos para asegurar que los alimentos que produzcamos lleguen al conjunto de la sociedad, incluyendo a las personas con pocos o ningún ingreso.
 

3.- Poner en valor y mejorar las condiciones sociales y el trabajo en el sistema agrario alimentario

Nuestro compromiso en contra de la explotación y la degradación de las condiciones sociales y laborales y por los derechos de todas las mujeres y hombres que proporcionan alimentos, así como los trabajadores y trabajadoras migrantes y temporales, y aquellas personas que trabajan en el procesado, la distribución y la venta. Trabajamos por políticas públicas que respeten los derechos sociales y establezcan altos estándares que condicionen la implementación de los fondos públicos. Esto significa la inclusión de ingresos dignos que permitan un sustento. Queremos construir alianzas más amplias entre las personas que trabajan dentro del sistema alimentario.
 

4.- Reclamar el derecho a nuestros bienes comunes

Nos comprometemos a trabajar en contra de la mercantilización y las patentes de nuestros bienes comunes, como la tierra, las semillas tradicionales y reproducibles de campesinos y campesinas, las razas de ganado y bancos pesqueros; los arboles y los bosques; el agua, el aire y el conocimiento. El acceso a estos bienes no debe de estar determinado por los mercados o por el capital. A la hora de utilizar estos recursos comunes nos comprometemos a garantizar el respeto de los derechos humanos, el equilibrio de género, el beneficio del conjunto de la sociedad y el respeto de los derechos de la madre tierra. Nuestros bienes comunes deben ser manejados a través de la gestión colectiva, democrática y del control comunitario.
 

5.- Profundizar en nuestro modelo de ciudad democrático, equitativo y antipatriarcal

La soberanía alimentaria es una cuestión de todos y todas, como ya hemos visto, no sólo de productores y productoras. Frente a la tiranía de los mercados, la soberanía alimentaria defiende la participación activa y de calidad de la ciudadanía en lo que se produce, en cómo se produce y distribuye. Por ello nos comprometemos con la promoción de una cultura democrática, a partir de procesos participativos, libres de violencia, y basados en la igualdad de derechos. Nos comprometemos especialmente con la defensa de los derechos y con la participación de las mujeres, sujetos fundamentales del sistema alimentario, denostadas lamentablemente a un papel secundario, donde sus derechos a la titularidad de la tierra, a la seguridad social, etc., son generalmente conculcados. No habrá soberanía alimentaria sin una lucha decidida contra el patriarcado. Por último, la juventud debe ser una referencia constante, ya que de ellos y ellas depende avanzar en esta apuesta por un modelo alternativo.

6.- Cambiar las políticas públicas de gobernanza de nuestro sistema agrario y alimentario

Nos comprometemos a cambiar las políticas púbicas que gobiernan nuestro sistema alimentario a nivel local, y luchar para un cambio a nivel nacional, europeo y global y para deslegitimizar el poder corporativo. Las políticas públicas deben ser coherentes, complementarias y deben promover sistemas alimentarios y culturas alimentarias basadas en la materialización del derecho a la alimentación; deben de promover la erradicación del hambre y la pobreza; asegurar la realización de las necesidades básicas de los seres humanos; y contribuir a la Justicia Climática, en Europa y a nivel global. Necesitamos marcos legales que garanticen precios justos y estables para las personas productoras de alimentos, que promuevan prácticas agroecológicas, que internalicen los costes externos en los precios y que implementen la reforma agraria. Estas políticas deben tener como resultado un incremento del número de campesinos y campesinas en Europa. Las políticas públicas deben ser diseñadas con la ayuda de la investigación financiada públicamente que responda a las demandas sociales para alcanzar los objetivos ya mencionados. Deben asegurar que se prohíba la especulación alimentaria y que no se pongan en riesgo los sistemas y culturas alimentarias locales y regionales, a través del dumping o el acaparamiento de tierras. Trabajamos por nuevas políticas agrícolas, alimentarias, energéticas, de semillas y comerciales por la Soberanía Alimentaria en Europa que tengan eco a nivel internacional. De manera particular, estas deben incluir: una Política Agrícola y Alimentaria diferente, la eliminación de la Directiva Europea sobre los agrocombustibles y una gobernanza global del comercio agrícola internacional localizada en la FAO y no en la OMC.

¡Hacemos un llamamiento a la población y a los movimientos sociales locales y comarcales, así como a las instituciones de este ámbito para comprometernos juntos en la toma del control de nuestros sistemas alimentarios y para construir el Movimiento por la Soberanía Alimentaria YA!