Paseo de la dignidad

David Mangado - Alternatiba

El Paseo de la Memoria, inaugurado el pasado 28 de octubre, es un elemento más de compromiso con la reivindicación y la difusión de la Memoria Histórica por parte del pueblo de Sartaguda, “El Pueblo de las Viudas”. Un recorrido de 2 kilómetros, 11 paradas y 96 minutos de grabación llenos de dignidad y que nos ayuda a comprender mejor el presente. Un paseo que cruza el pueblo, a través de sus calles, y atraviesa los años con los relatos.


Tasio/GARA

Un recorrido para llegar, sobre todo, a las generaciones de nietas y bisnietas. Las que tuvimos la suerte de no vivir aquellos horrores. Que este recorrido sea una guía con la que aprendamos los errores y tropelías de la historia y que no las volvamos a repetir en el futuro. Para que estos horrores, no caigan en el olvido.

Este paseo de justicia, verdad y reparación comienza el el Parque de la Memoria. Una voz nos cuenta los horrores vividos en la Nafarroa del 36 y el significado y simbolismo del Parque y las esculturas que alberga.

De ahí nos dirigimos al “Parque de las Mujeres”, nos da la bienvenida a la localidad: “El Pueblo de las Viudas”. Los hombres fueron fusilados, pero fueron 57 mujeres de Sartaguda las condenadas a una muerte silenciosa, al escarnio público, a la humillación. Las mujeres, las que nos contaron en primera persona lo vivido.

Llegamos al primer monumento a la Memoria Histórica en Sartaguda. Un monolito simple, sencillo, pero lleno de simbolismo. Colocado por iniciativa popular, sin permiso del Ayuntamiento, en 1996.

Continuamos con la parada del orgullo campesino. Aquellas personas que pelearon por sus tierras, por lo suyo, por lo común. La dignidad y valentía frente a la tiranía de Duques y Caciques.

Divisamos la Casa de Cultura, antiguo Cuartel de la Guardia Civil, y el Ayuntamiento, un espacio donde personas dieron su vida, derramaron su sangre por un objetivo: la democracia y la defensa de un Ayuntamiento legítimo y elegido por el pueblo.

Desde el mirador de la calle de Arriba, vemos la estación de tren. Esa estación desde la que huyeron escapando de aquel martirio, personas aterrorizadas, personas esperanzadas, personas que volvieron porque nada malo habían cometido.

En la vieja iglesia, relatos de insumisión religiosa, de personas que se pusieron de frente ante las tropelías de las sotanas.

Desde el mirador de la Apolonia imaginamos a los valientes agricultores y agricultoras. Las que lucharon por todo lo que tenían, por su alimento, por el de su familia y por el de todo el pueblo.

El recorrido de la dignidad acaba en el cementerio. Lugar donde reposan los restos de las víctimas de aquellos aterradores episodios. El cementerio, desde donde se explican los procesos de lucha y trabajo por la recuperación de los cuerpos y con ellos, la reparación y dignidad de las viudas, de las familias.

Un paseo de cartas robadas, libros quemados, escritos encerrados, relatos censurados, sacados a las calles y plazas. Que la dignidad y la memoria llene cada rincón en el que las personas compartimos vivencias, conversaciones, nuestro tiempo, donde convivimos. Un recorrido en pro de la verdad, la justicia y la reparación. Para que lo que pasó, nunca más vuelva a pasar en ninguna parte del mundo.

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