¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura?

Joxemari Carrere

A la hora de hablar sobre cultura surge un primer problema en torno a la definición de la misma. ¿Qué es la cultura? ¿Cómo se define? Seguramente es algo que cada cual, aunque no exactamente, podemos sobreentender. De todas maneras si preguntamos a cualquiera, hasta a nosotros mismos, sobre lo que entendemos por cultura, las definiciones serán dispares. Esta dificultad ha tenido sus vaivenes a lo largo de la historia. Desde su definición en relación a la agricultura, que utilizaban allá por el siglo XVIII, hasta las actuales, las reflexiones en torno a este tema han sido expuestas por filósofos, políticos, antropólogos, etnólogos y, si me apuran, por la tertulia habitual del poteo. Ya los griegos hablaban del cultivo del alma humana para el desarrollo de la persona. Mucho más tarde se entendía el desarrollo de la cultura como el paso del ser humano de la barbarie a la civilización. Una persona culta sería una persona civilizada. En esta continua evolución de los intentos por definir la cultura, los mismos momentos históricos condicionan su entendimiento. Así, la Ilustración, base ideológica de la Revolución Francesa, hacía hincapié en la cultura como instrumento liberador de las personas desde una perspectiva universal y, al mismo tiempo, individual. La cultura como rasgo distintivo del ser humano ante el ser animal, como creación humana a lo largo de los siglos, como signo de progreso, como característica universal, impregna el cambio que trae la ilustración. Con ello el cultivo de las artes y la ciencia sufre un impulso tanto técnico como filosófico que marcará el devenir de las sociedades a partir de entonces. Ante este pensamiento tenemos a los filósofos románticos alemanes con la idea de lo cultural como definitoria de una identidad propia, surgiendo el concepto de distintas culturas en función de distintas identidades nacionales; desarrollando la idea de la cultura como característica definitoria de diferentes sociedades humanas, de un mundo heterogéneo y diverso, ante el concepto de universalidad. El orgullo nacional definido por una cultura propia y diferente de otras. Estos dos posicionamientos en torno a la cultura llegan hasta nuestros días, cruzándose, complementándose a veces, marcando, del mismo modo, posturas políticas muchas veces antagónicas. En definitiva, que esta cuestión de definir la cultura viene siendo un verdadero quebradero de cabeza, dada su importancia a la hora de entender el desarrollo de nuestras sociedades y su estructuración, tanto social como política.

Pero entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de cultura? Tratar de buscar una definición actual de su significación no es tema baladí, aún sabiendo que, tal y como nos enseña la historia, sea, quizás, algo transitorio y , seguramente, subjetivo. La importancia de esa necesidad hoy en día, viene dada por el lugar que ocupan las políticas culturas en las distintas administraciones que nos gobiernan. Las dinámicas culturales están condicionadas casi en su totalidad por dichas políticas, tanto directa como indirectamente, a través de ayudas económicas o de infraestructuras. Todas esas políticas, si bien están envueltas en discursos parecidos, no llegan a definir claramente ese conglomerado que llamaríamos cultura y se limitan a ofrecer una serie de servicios dirigidos a la sociedad en los que prevalece la idea de permitir un amplio acceso al consumo de propuestas culturales, en clara relación con el uso del tiempo libre.

La cultura como industria

Volviendo a las definiciones, el departamento de cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa, en la presentación de los presupuestos de 2016, definía la cultura como “un sistema de valores que estructura la sociedad. Un instrumento para la convivencia y la transformación social”. Dentro de esta definición proponían la actuaciones en el sector bajo dos premisas: el acercamiento de la cultura a la ciudadanía e impulsar las industrias culturales como fuente de riqueza y empleo. El mismo diputado de cultura Denis Itxaso, del PSE-EE, al anunciar la creación de una Unidad de Participación e Innovación Cultural, con el objetivo de gestionar los grandes proyectos estratégicos, presentaba dicha unidad como “una muestra de nuestra voluntad de desarrollar iniciativas culturales transformadoras que sean palanca de cambio en el modelo cultural”. Vemos, pues, cómo las instituciones, en este caso la Diputación de Gipuzkoa, entienden el desarrollo cultural a través de grandes inversiones en infraestructuras, con el objetivo, antes mencionado, de que la cultura sea una palanca de cambio y transformación social. Pero si nos fijamos bien, todo ese cambio viene impulsado por las grandes infraestructuras y el impulso al consumo cultural, siendo estos dos puntos claves en su gestión pública, bajo la idea de generación de empleo y riqueza, no cultural sino económica.

Vamos viendo, entonces, que cada vez más el impulso a la cultura viene asociado a un intento de desarrollo económico que, a modo de binomio fantástico, ayudará a generar dinámicas de bienestar y modernidad en las personas. Se nos muestra, así, la cultura ligada a la economía, siendo las instituciones públicas las generadoras y promotoras de ese impulso. Todo ello hace que el concepto de industrias culturales tenga cada vez más protagonismo, presentando  a éstas como el motor de la cultura en nuestra sociedad. Desde ese punto de vista, la gestión de la cultura se ve supeditada a un concepto de mercado en el cual las llamadas industrias culturales son la piedra angular de un sector identificado, no ya con esa esperanza de buscar el desarrollo intelectual y humano de las personas, sino como dinamizador económico.  En ningún momento, en cambio, se pone en cuestión el modelo económico por el cual se regirán dichas industrias y dinámicas económico-culturales. Vivimos en una sociedad basada en una economía capitalista en la cual es el mercado quien manda, quien ejerce presión para que la sociedad viva supeditada a las necesidades de dicho mercado; las cuales no buscan el necesario desarrollo social, cultural y libertario de las personas que la componen, no beneficiándose la inmensa mayoría de dichas dinámicas mercantiles, sino padeciéndolas. Unas industrias culturales integradas en una economía cultural que no cuestiona el modelo mercantil del que participa, no hacen sino perpetuar dicho modelo a través de una transmisión cultural cuyo objeto es el beneficio económico, lo cual condicionará indefectiblemente tanto el modelo de oferta cultural como el tipo de contenidos ofrecidos. Una economía cultural basada, dado el modelo capitalista en el que se insertan, en la oferta y la demanda, no podrá arriesgar en propuestas culturales que pongan en cuestión la plusvalía que deviene de las dinámicas del mercado capitalista. Las industrias culturales integradas en dicha economía impulsarían una oferta cultural basada en la ocupación del tiempo libre que las clases trabajadoras disfrutan, tiempo libre que se inserta dentro del esquema laboral capitalista, según el cual el tiempo de asueto no es más que el tiempo necesario para poder seguir produciendo; por lo cual dicha idea de tiempo libre no es tal desde el momento que forma parte de la cadena de producción capitalista. La oferta cultural desarrollada en dicho tiempo no podrá poner en cuestión, aunque pueda pretenderlo formalmente, esa relación laboral-social, ya que estará inserta en una idea ocupacional del tiempo libre, complementaria al tiempo de ocupación laboral.

La izquierda y la cultura

Ante este modelo de desarrollo cultural la izquierda debería impulsar otro no basado en la idea de una economía cultural que nos viene dada por el modelo económico en el que vivimos, sino inspirado por otro tipo de pensamientos que huyan del concepto economicista de la cultura así como de la idea de un tiempo libre meramente ocupacional relacionado con el tiempo de trabajo asalariado. Y es importante que lo haga no solo por la importancia que tiene a la hora de pensar una sociedad organizada en base a otros valores, sino también por la responsabilidad que tiene cuando gestiona instituciones en las cuales la cultura se provee de importantes recursos económicos y estructurales, tratando de impulsar la estructuración social a través de los mismos. Una izquierda que se considere transformadora, revolucionaria si se quiere, no puede pasar por esta cuestión sin plantearse las bases en las que se sustentan sus políticas culturales, así como su praxis, no solo a la hora de gestionar distintas instituciones, sino en su política general. Una izquierda que trabaje por una sociedad más justa, igualitaria y liberadora, no puede dejar en manos de las leyes del mercado las condiciones económicas y laborales de los trabajadores de la cultura, más bien al contrario, del mismo modo que en otros sectores sociales, debería bregar para que los creadores puedan trabajar en condiciones dignas, ya que el fruto de su creatividad es lo que posibilita, además de otros dinamizadores, que la cultura exista. No puede haber literatura sin escritoras, ni teatro sin dramaturgos, actores, técnicos… La danza no existiría sin personas dedicadas a ella, ni música sin músicos. Del mismo modo debería preocuparse por facilitar a los activistas culturales poder llevar a cabo sus proyectos sin que las burocracias los ahoguen. Debe impulsar y promocionar en la sociedad la importancia de la cultura como un bien social, tal y como lo son la educación o la sanidad, en contraposición a las ideas y dinámicas crematísticas; trabajando para que la sociedad en la que vivimos dé importancia al saber, al pensamiento crítico, al desarrollo intelectual y a los procesos creativos como riquezas en si mismas, no cuantificadas en monedas, sino en bienestar social.

Una izquierda que se considere transformadora, que trabaje sinceramente por el cambio social, tiene que reflexionar seria y profundamente sobre las políticas culturales a impulsar tanto desde las instituciones en las que trabaja como fuera de ellas. El enriquecimiento cultural de los miembros que componen dicha izquierda, así como de la sociedad en general son indispensables para el cambio social; el impulso del activismo cultural ha de ser una de las tareas de la izquierda para no dejar en manos exclusivamente de las instituciones y los agentes económicos una de las bases que cohesionan la sociedad. Las políticas culturales impulsadas por las instituciones tienen que complementarse con las dinámicas populares que se desarrollan fuera de ellas, prevaleciendo el interés público frente a los intereses económicos. Una izquierda que se precie de serlo, debe reconocerse en una cultura no consumista, que huya del concepto de mero entretenimiento al que es abocada sin piedad. Una economía cultural basada en un concepto capitalista de relaciones económicas nos lleva, paradójicamente, a una aculturación de la sociedad, relegándola a un imaginario filtrado por los intereses del mercado, más interesado en su propia existencia que un verdadero desarrollo cultural y social de las personas.

Quizás la cuestión hoy en día no es tanto devanarse los sesos en tratar de definir la cultura, cuestión interesante en sí misma, sino reflexionar sobre la ideología en la que se sustentan las actuales políticas y dinámicas culturales; identificar los intereses a los que sirven; impulsar dinámicas y políticas que sirvan a las personas que componemos la sociedad, que tengan como base potenciar los impulsos creadores, intelectuales y liberadores de las personas; que defiendan a los creadores y creadoras ante el mercado, establezcan la cultura como un bien social a defender y divulgar, alejadas del concepto de un sistema ocupacional del tiempo libre. En definitiva, entender la cultura como un bien que nos enriquece como personas y no como un nicho de mercado.

Publicado en GARA

Matute: “La Ley Mordaza no hay que modificarla. Hay que derogarla”

Entrevista en Info 7 irratia a Oskar Matute, portavoz de Alternatiba y parlamentario de EH Bildu en la cámara de Gasteiz.

En declaraciones hechas esta mañana a Kalegorrian, el miembro de EH Bildu Oskar Matute ha criticado las reformas propuestas por PSOE y PNV en torno a la “Ley Mordaza”, porque en su opinión, “la Ley Mordaza no hay que tocarla como pretenden ahora PNV y PSOE en el Congreso. Hay que derogarla”. También ha opinado sobre el acuerdo presupuestario entre el Gobierno de Urkullu y el PP en la CAV, firmado esta misma semana. En palabras de Matute “el acuerdo para lo presupuestos del Gobierno Vasco es la primera vuelta del romance entre el PNV y el PP”.

Coloquio con Oskar Matute sobre la aportación de la migración obrera a la construcción de Euskal Herria

Intervenciones del portavoz de Alternatiba y diputado de EH Bildu Oskar Matute en el coloquio «Destino Norte» sobre la aportación de la migración obrera a la construcción nacional y social de Euskal Herria. Organizado por EH Bildu Barakaldo el pasado 2 de marzo, la charla tuvo lugar tras las proyección del documental sobre la trayectoria militante de nuestro compañero Juan Puerto: «De Calamonte a Arangoiti».

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Incursiones en territorio comanche

Joxe Iriarte «Bikila» – Alternatiba

Uno de los aspectos mas interesante del libro “Nafarroa Orain”, escrito por Ion Orzaiz y Joxerra Senar, tiene que ver con la descripción del fuerte sentimiento patrimonialista de los caciques de UPN que se manifiesta tanto en lo relativo a las instituciones navarras, consideradas como algo de su propiedad (con derecho a saquearlas sin complejos), como en su estupor ante la perdida momentánea de dichas instituciones.

No se trata solo de la perdida momentánea de privilegios que, pueden pensar, serán recuperados en futuras contiendas. Se trata de la humillación de ver lo que consideran su casa ocupada por extraños, por gentes ilegitimas en relación a la Navarra de su imagen y semejanza. Tal consideración, ciertamente, no la tienen con el PSN, con quien pueden competir pero también compartir.

Al hilo de estas reflexiones, caigo en que el PNV tiene la misma convicción respeto a la hipótesis de que EH Bildu (sola o con Podemos) pueda gestionar las diputaciones y Gobierno Vasco; también en lo relativo al PSE, quien aunque durante cuatro años le arrebató Lakua con la ayuda del PP, es siempre un amoldable socio. Y es que, aunque ideológicamente conforman espacios diferentes, es más fuerte su compromiso con el statu quo.

En realidad, PP y UPN, PNV y PSOE, no pueden consentir que se intente usar los gobiernos para otra cosa que no sea para lo que fueron creados: garantizar el buen funcionamiento del sistema capitalista. Fue la causa del descabalgamiento de Sánchez ante el peligro de que pactase con Podemos y lo que motivó la furia anti-Bildu del PNV en Gipuzkoa.

Cuando Bildu gobernó el PNV se sintió herido en sus carnes, en parte porque entraron al choque intereses contrapuestos y, además, se escenificó otra forma de hacer política. Pero sobre todo, porque Bildu se atrevió, con mayor o menor fortuna, a gobernar. E incluso a llevar a juicio a líderes del PNV por irregularidades en la gestión. ¡A ellos! que crearon y amueblaron la casa.

El PNV no se limitó a la mera oposición institucional; movilizó todos sus recursos, económicos, sociales y políticos, incluida la calle, expandiendo sin ningún pudor todo tipo de bulos. Y lo triste es, que replegados a la gestión institucional dadas las ingentes tareas a asumir, no fuimos capaces de responder allí donde se supone que somos más fuertes: en la movilización popular. Ciertamente, el PNV gozó de la estimable ayuda de los medios principales, sobre todo “Diario Vasco”, para confundir y movilizar a su favor la opinión pública. Una prueba más de coincidencia de intereses. Las campañas contra el puerta a puerta, la oposición a las medidas fiscales que según ellos pondrían en fuga a las empresas etc., todo en términos similares al catastrofismo que actualmente propaga UPN en Navarra. Según el PNV, Gipuzkoa era un desastre conducida por aventureros incapaces de gestionar. Diría que incluso, en su empecinamiento con la incineradora, van más allá de los intereses económicos y de gestión de residuos en juego, pretendiendo sobre todo escenificar la derrota política de EH Bildu, echándole la culpa del caos en la recogida y gestión de residuos. Siendo en realidad lo contrario.

Parecido ocurre en Gasteiz y Nafarroa. El PNV manda en la alcaldía de Gasteiz (con la ayuda de PSE, que en su momento no le apoyó) gracias a EH Bildu, Irabazi y Podemos, que priorizaron impedir que Maroto el xenófobo gobernase. En contrapartida, hubo un pacto programático que el PNV se ha saltado. Además, ante la negativa a aprobar un nuevo presupuesto que no recoge las exigencias mínimas, no ha dudado en echar un órdago a la grande: O nosotros y nuestras condiciones, o el PP. Toda una lección de la naturaleza clasista del PNV y también de los límites de unas alianzas sin la supervisión y la presión popular ante los primeros síntomas de incumplimiento con lo pactado.

He oído voces lamentándose de la incapacidad para potenciar bloques más o menos duraderos entre fuerzas de distinta naturaleza (por lo menos para ir hasta Maltzaga), como son el PNV y EH Bildu. Por el contrario, pienso que salvo en casos excepcionales como Nafarroa, y no de cualquier forma, es un error y además es imposible. El PNV sabe de qué va el asunto, y no dará ni agua salvo que sea al precio por ellos fijado. Más bien, preparémonos para la beligerancia.

Pasados la euforia, veo con preocupación la evolución del llamado «cambio tranquilo», definición tan del gusto de Barcos. Se dice que hay avances pero no se puede tensar demasiado la cuerda. No es de extrañar tal conclusión, si tenemos en cuenta que Geroa Bai (y PNV) ha impuesto de facto un gobierno presidencialista y personalista que poco tiene que ver con la correlación de fuerzas (Geroa Bai frente al resto). Y ello ha sido posible porque ha sabido aprovechar sus bazas en un escenario donde había a toda costa que desplazar a UPN. Pero lo que es contención a nivel de gobierno, no debería serlo a nivel de calle, lugar desde donde se puede exigir mayor rapidez y profundidad en los cambios, sin que ello redunde en beneficio de la derecha.

Pienso que las instituciones no son neutrales y que tienen fuertes límites para ser usadas según la mera correlación de fuerzas electoral. Y a pesar de ello son un terreno de disputa, si bien en campo del contrincante. Siempre y cuando no nos despistemos de la tarea principal: el establecimiento de un contrapoder hegemónico alternativo. Y eso se consigue, sobre todo nivel de sociedad civil, en la calle.

Participar en las alianzas inherentes al juego institucional, según las circunstancias, puede ser necesario. Pero siendo conscientes de sus límites, trampas y, sobre todo, de dónde poner el acento para poder crear espacios contra-hegemónicos. Debemos ser conscientes de que tarde o temprano habrá que plantearse rupturas decisivas, sea en el terreno nacional o en el social. Últimamente observo que militantes partidarios de esa tesis la van abandonado o relativizando a la vez que cobra fuerza la de que la apropiación de mayores cotas de poder institucional puede evitar traumáticas rupturas mediante reformas progresivas.

El PNV está empeñado en una huida hacia delante en materia de infraestructuras, las cuales además de acarrear graves consecuencia medioambientales, suponen una hipoteca económica sin precedentes: Incineradora y TAV son un botón de muestra. Y en lo nacional va a seguir en la misma tesitura. Su insistencia negociadora va suponer un auténtico obstáculo para cualquier avance en materia de autogobierno y soberanía, mas allá de lo que el gobierno central este dispuesto a conceder. En ese camino, tendrá al PSE de aliado.

Coincido con diferentes voces de mundo social que propician un soberanismo en su doble dimensión nacional y social. Por importantes que sean las consultas populares simbólicas en las cuales son necesarias las gentes del PNV, EHB, Podemos y también del PSE. Ir mas allá solo va a ser posible merced al trabajo conjunto y la activación de las fuerzas políticas, sociales, y sindicales de izquierda, las cuales muy previsiblemente van a tener al PNV enfrente y no al lado. Y su cambio de actitud solo se dará si se ve confrontado a una dinámica que le ponga ante la espada y la pared. No se trata de copiar, sino de constatar, que en Cataluña la burguesía nacionalista cambió de tercio no por la presión de los partidos nacionalmente más radicales, sino por las gentes que empezaron reclamar la independencia frente a la imposición españolista.

Publicada en Naiz, Rebelion y Ahotsa

Fatuarte: «Hay que fomentar la cultura de la participación y que la gente se implique en sus decisiones del día a día»

Entrevista realizada por el periodista Sergio Iglesias en el periódico Santutxu y + a nuestra compañera de Alternatiba y concejala de EH Bildu en el ayuntamiento de Bilbao Alba Fatuarte (1984, Irun). Entre otras cuestiones, abordan sus razones para adentrarse en el mundo de la política, su experiencia hasta el momento así como los desafíos que tiene la coalición en un futuro.

Alba Fatuarte llegó desde Irún a Bilbao para estudiar la carrera de Periodismo. Desde hace unos cinco años, la concejal por EH Bildu en el consistorio bilbaíno, está viviendo en Santutxu, donde ha tenido la oportunidad de conocer la realidad de nuestro barrio. Ella es la protagonista de nuestra sección de “Políticos” de este mes y con ella hemos estado conversando para conocer un poco mejor a la política pero, sobre todo, a la persona detrás del cargo.

¿Cómo empiezas en política? La verdad es que suelo decir que tenemos el concepto de política un poco confundido, la gente lo entiende como estar en un partido u ocupar un cargo en alguna institución. Yo soy de las que piensa que no hay que estar en un partido para hacer política y, aunque llevo en un partido político relativamente poco tiempo, empecé a hacer política desde mucho antes. Por ponerte un ejemplo, en mi ciudad natal, en Irún, no nos dejaban participar en las fiestas por ser mujeres y con 16 años tomas la decisión de plantar cara a eso y salir a desfilar junto a otras mujeres, o en la universidad, cuando cierran Euskaldunon Egunkaria, que fue algo muy impactante, nos movilizamos y eso también era hacer política. Posteriormente ya entré en Alternatiba cuando entraron en EH Bildu, sobre el 2011, y desde entonces estoy vinculada a un partido militando y ahora en el ayuntamiento donde acabo de entrar en esta legislatura y es mi primera experiencia en una institución.

¿Y qué tal está yendo la experiencia? Pues aprendiendo mucho. Da un poco de vértigo al principio porque el Ayuntamiento de Bilbao es una de las instituciones más grandes de Euskal Herria, pero estamos en un equipo muy bueno con unas compañeras fantásticas y ahí estamos aprendiendo a marchas forzadas.

Supongo que también habrá sido importante entrar en una legislatura donde hay una mayor presencia de fuerzas progresistas con la irrupción de partidos como Ganemos o Udalberri… En las últimas elecciones se multiplicó ese bloque de izquierdas, y para nosotras fue una buena noticia, porque veníamos de una legislatura pasada donde estábamos solas frente a PNV, PP y PSOE que “en las cosas del comer” siempre se ponen de acuerdo. Nosotras, básicamente, lo que buscamos es conseguir una participación, pero una participación real en la que la gente pueda decidir. Porque, por ejemplo, el caso de los procesos participativos que se puso en marcha el año pasado es más un concurso de ideas que otra cosa porque al final es el gobierno el que decide y prioriza cuáles de esas ideas se van a llevar a cabo. Conseguir que la gente tenga esa participación real es un reto común que nos hemos puesto todas y que reivindicamos ese bloque de izquierdas, que entendemos las cosas de otra forma y creemos que hay que empezar a abrir un poco las ventanas…hay cosas tan básicas como las que te cuenta la gente que recuerda que antes las puertas del Ayuntamiento estaban abiertas. Poco a poco sí que se van haciendo cosas, pero todavía falta un camino muy largo por recorrer y también hay que fomentar esa cultura de la participación y que la gente se implique en sus decisiones del día a día.

¿Qué importancia tienen los barrios en esa cultura de la participación? Los barrios históricamente, y más en Bilbao, han sido muy activos y participativos con muchos movimientos vecinales o asociaciones de barrio,  que hacían que se moviera y que hubiera una dinámicas dentro de esa comunidad. En Bilbao, a día de hoy, tenemos lo que llaman consejos de distrito, que son ocho y para empezar no son distritos naturales porque están divididos por numero de población y para nosotras esa repartición no tiene sentido. El modelo, en mi opinión, creo que es un modelo fracasado, porque la gente no participa en los consejos de distrito, porque no los percibe como una herramienta eficaz para poder participar, sí para poder opinar pero lo que se decide no es vinculante y, al final, todos estos procesos son un poco “engañosos”. Esta manera de utilizar los consejos de distrito responde a una estrategia clara de querer aplacar un movimiento vecinal que, en varios barrios de  Bilbao, ha sido muy importante, ha movido muchas cosas y en ocasiones ha sido muy molesto. Confiamos, no obstante, en que la gente reaccione y acabe reclamando lo que es suyo, que es su palabra, su decisión y nuestro poder como ciudadanía de poder decidir sobre  todas las cosas que nos afectan. El problema es que, por las mayorías que se dan a día de hoy y, sobre todo, con el hermetismo que  hay, es muy complicado realizar nuestra labor como oposición. Nosotras hemos tenido que pedir por activa y por pasiva cosas tan simples como las cuentas de la plaza de toros, del museo marítimo, el museo de bellas artes que es público, o Bilbao Ria 2000…mil ejemplos que dan muestra de ese hermetismo y luego es un ejecutivo que presume una y otra vez de transparencia pero nosotras, en nuestro día a día, no es lo que vemos.

¿Crees que, hoy en día la de político es una profesión denostada por la sociedad? Es verdad que ha habido muchos casos de corruptelas, no solo de corrupción y cosas ilegales, porque Euskadi no es un oasis y también aquí hemos visto casos de amiguismos, puertas giratorias…esto sí que ha hecho que, por parte de la sociedad, se vea como algo negativo. El otro problema, y creo que has dado en el clavo al hablar de “profesión”, es el hecho de que la política se convierta en una profesión…Cada una tenemos nuestra profesión y, por lo menos yo, veo que estar en una institución es como unos años extras de militancia, un momento en que las bases te piden un compromiso mayor y tú estás dispuesta durante un tiempo a hacerlo. Pero ese compromiso tiene que tener un principio y un fin. Es muy peligroso convertir la política institucional en una profesión, deberíamos entenderlo como un servicio o una militancia extra porque, si no, la gente se perpetúa y es cuando se suceden los casos que comentábamos antes de puertas giratorias y prácticas similares. Tenemos que tener otro tipo de cultura organizativa y saber que es bueno que haya relevos en los cargos y que a la política hay que llegar por un compromiso y no para enriquecerse. Es más, hay que decir que hay cargos en ayuntamientos pequeños y otras instituciones que no cobran un duro y lo hacen por pura militancia y por un servicio público.

¿Qué es lo que más te gusta de estar en política? Me gusta tener tiempo para conocer las pequeñas y grandes luchas y la gente que está detrás de ellas. El cargo te da la oportunidad de invertir tiempo en eso, conoces a muchas personas, desde asociaciones de barrio a comerciantes y te permite ver una realidad más amplia. Te das cuenta de la cantidad de gente que hay, en una ciudad como Bilbao, dando su tiempo por diferentes asociaciones de comerciantes, hosteleros, las jai batzordes… eso es super enriquecedor. También me gusta ayudar a la gente, aunque desde la oposición no lo podemos hacer muchas veces porque nuestra labor es más de control. Pero, en más de una ocasión, cuando sale la gente del despacho contenta porque le hemos ayudado, produce una gran satisfacción.

¿Cuál es la prioridad de EH Bildu para esta legislatura? Ya hemos dado una pista antes, pero creo que algo que pueda englobar todas nuestras acciones que llevemos a cabo es profundizar en la democracia participativa, en la transparencia, en otro modelo de gestión porque en eso es donde más solemos chocar con el equipo de gobierno. El modelo de gestión, aunque cambien las caras y los nombres, es el mismo ahora que durante los últimos 30-40 años, las formas han cambiado, pero el modelo de gestión no, y lo estamos viendo por ejemplo con el soterramiento del TAV en Abando, que van a basar de nuevo todo en el ladrillo, en la especulación y en todo eso que nos ha llevado a esta crisis de la que no nos vamos a recuperar en un futuro cercano. Tenemos que empezar a transformar ese modelo de gestión cuanto antes si lo que queremos es realmente poner los intereses de las personas por encima de todo. Esto al final se traduce en más participación y mayor democracia, y por ahí es por donde debe llegar el cambio social, en un ayuntamiento o a otros niveles mayores, porque cuando hablamos de soberanía es que queremos gestionar las cosas desde aquí y desde la gente, para que los intereses realmente reviertan en la sociedad y en una justicia mucho más social y equitativa. Para eso también es importante la relación con estos nuevos partidos de los que hablábamos y la verdad es que sí tenemos una relación de colaboración desde las diferencias…pero yo creo que tenemos que empezar a fijarnos más en lo que nos une y no tanto en lo que nos separa, para conseguir un proyecto a largo plazo y transformador y que sea una herramienta verdaderamente eficaz para la gente y para poder cambiar las cosas.

Centrándonos en nuestro barrio, ¿cuáles crees que son las grandes carencias que tenemos? Santutxu, en concreto, es un barrio donde cuando llegué vi que podías hacer vida sin bajar a Bilbao y creo que es un reto pelear por el pequeño comercio de este barrio, que está recibiendo embestidas constantes y cada vez lo tiene más difícil. Están peleando y aguantando muchísimo, pero creo que, como no nos pongamos las pilas seriamente con este asunto y no pongamos algunas restricciones a las grandes cadenas y a las grandes empresas, podemos encontrarnos en unos años con el final del pequeño comercio. Para esto, creo que hay que poner medidas preventivas desde ya porque, si no, esto ya no va a tener vuelta atrás. También nos reclaman constantemente equipamientos culturales. Por ejemplo, se había pedido desde diferentes colectivos un escenario permanente en Basarrate, pero es una propuesta en la que se ve que hay reticencias desde el equipo de gobierno, y es una pena porque, si lo piden los propios colectivos del barrio, es porque esa carencia es real. También te puedo hablar de la falta de espacios cubiertos; al final ya sabes donde vivimos, esto es Euskal Herria y llueve mucho y no hay espacios cubiertos que no sólo tienen que ser parques con columpios, sino espacios diáfanos para poder estar. Nosotras, en su momento, planteamos que la Plaza Grúa podía ser un sitio idóneo  por estar en una zona intermedia que siempre está a tope.

¿Y lo mejor que tiene el barrio? Yo vine a Bilbao a estudiar con 18 años y primero estuve en San Inazio, luego en Uribarri , también he pasado por Rekalde y llegué hace unos cinco años a Santutxu… yo creo que de aquí ya no me muevo porque estoy muy a gusto. De las primeras cosas que me acuerdo es de las fiestas que me parecieron de las mejores. También, aparte del comercio del que hablábamos, el ambiente que hay, esa identidad de barrio que me sorprendió cuando llegué. Eso es porque hay mucho movimiento asociativo y, por ejemplo, aquí al lado tenemos un proyecto tan interesante como Karmelo bizirik, al que no se deberían poner trabas. Es un debate constante el ver qué pasa con estos espacios autogestionados, que son una realidad que existe y que siempre va a estar allí, porque este equipo de gobierno no siempre entiende bien lo que es este tipo de iniciativas que son muy positivas.

Película: Me gustó mucho “Loreak”, me enamoró. Es una historia de mujeres, algo que es muy poco común, una historia muy bonita también estéticamente y que empezó a marcar un cine vasco con identidad propia.

Actriz:Charlotte Gainsbourg, que también es cantante y me parece que transmite muchísimo.

Actor:Ramón Barea, que me gusta mucho y está haciendo una labor extraordinaria en Pabellón 6, le pone mucho cariño a todo lo que hace y es super querido, yo creo que es muy necesario tener gente como él que apueste por quedarse aquí y por la cantera.

Libro:“Americanah” de Chimamanda Ngozi Adichie, que me ha encantado. Es la historia de una mujer nigeriana que emigra a Estados Unidos, y es un libro con una visión claramente feminista que cuenta lo que es ser mujer, negra y africana en un país como Estados Unidos y habla de todo: genero, raza, clase…todo mezclado en una historia muy bien escrita.

¿Cantante o grupo musical?

Me gustan muchas cosas pero me encanta Anari. Me emociona tanto que hasta he llorado en conciertos suyos, es una tía que transmite mucho. Antes no me gustaba pero empecé a escucharla y me enganchó porque canta desde las entrañas, y merece la pena escuchar las letras.

Político:Te tengo que decir una mujer: soy muy fan de Anna Gabriel de la CUP, porque no es fácil ser mujer en política y estar en primera línea y, a pesar de todos los ataques absurdos que ha recibido, para mí es un referente… soy muy fan.

Personaje histórico: Me gustaría reivindicar mujeres que pasan sin pena ni gloria a pesar de la importancia que han tenido como, por ejemplo Vera Rubin, la mujer que aportó la primera prueba de materia oscura y que murió hace poco sin el premio Nobel que se merecía y muchas otras que pasan por la historia como Frida Kahlo o Simone de Beauvoir, gran filosofa y pensadora feminista que no están valoradas y deberían ser figuras históricas de primera línea. Y también Angela Davis que, es un referente y lo lógico es que pasara a la historia. 

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El lento camino del cambio

Héctor Prieto – Alternatiba

Una de estas noches tuve un extraño sueño. Lo cierto es que se parecía a alguna novela orweliana, era un lugar sin definir donde un gobierno sutilmente totalitario se zampaba todo movimiento de resistencia, silenciado y perseguido ante la pasividad de los testigos. Pero entonces, de algún lugar, surgía un movimiento revolucionario, clandestino, popular, un grupo de acción, la última esperanza de la libertad. Aunque el final prometía, el trayecto parecía lento, incluso inquietante; tanto que me hizo despertar de golpe, acelerado, si no fuera por el final sería una pesadilla.

Los científicos y la propia experiencia me dicen que durante el sueño, el cerebro trabaja, selecciona y recopila información subjetiva. Seguro que os habrá ocurrido que muchas veces son secuencias cortas e inconexas, muy difíciles de recordar y que se esfuman a los pocos minutos de despertar. En cambio, hay sueños con relatos coordinados que cuentan una historia y que recordamos con mucha precisión: las caras, los hechos, el relato…

No soy de los que creen especialmente en el significado e interpretación de los sueños, pero este me ha inquietado haciéndome reflexionar. ¿Tendrá algo que ver con la realidad que percibo?, ¿hemos entrado en esa travesía por el desierto o todavía está por venir?. Sinceramente, no tengo ni idea, pero sí que la humanidad puede estar a las puertas de un cambio transcendental que no tiene porque ser bueno, aunque mi conciencia me obligue a ser optimista por pura supervivencia.

Fijaros en los últimos acontecimientos, el Brexit, la victoria de Trump o el auge de la ultraderecha en Europa. En nuestro entorno los hechos de Altsasu, el bloqueo deliberado y malintencionado para con el fin del conflicto vasco y los presos, o la detención de independentistas catalanes por quemar la foto de un señor elegido a dedo por su sangre y ungido por la gracia de Dios. Y Telecinco a la vanguardia del ”movimiento nacional”, idolatrando descaradamente a torturadores de Intxaurrondo y fascistas declarados como Serrano Suñer.

Eso sin olvidar el inminente final de los derivados fósiles, el cambio climático y el drama de los migrantes en el Mediterráneo. Mientras, la Europa agonizante mira o miramos nuestro ombligo, sabemos lo que hay, pero es más fácil mirar para otro lado. Quizás este algo impresionado por el sueño, pero la situación actual no dista mucho de los años 30, crisis económica, amenaza fascista y algo más preocupante, que a los mandatarios actuales la situación se les queda grande.

Es inquietante, aunque también es verdad que queremos todo para ya, a corto plazo. Eso mismo nos pasa a la izquierda, Podemos pretendía asaltar los cielos en dos días, y lo siento pero no es tan sencillo resolver una lucha de más de cien años por creerte más listo que nadie. También nos pasó antes a EH Bildu y la realidad nos dice que el cambio revolucionario es una carrera de fondo. Si la lucha continua con ilusión y paciencia puede que los cambios lleguen, y quizás nosotros ya no veamos el resultado.

Yo intento luchar cada día, en mi ámbito y dentro de mis posibilidades. Porque como dijera el poeta “un hombre, una mujer, así de uno en uno, no somos nada”, pero todos juntos somos imparables.

Del blog de Héctor Prieto Atxabalta REDvolution

Juan Puerto: «Con Idigoras comprendí que se podía ser comunista y abertzale»

Juan Puerto Morcillo era comunista en el siglo XX y lo sigue siendo en el siglo XXI. «Comunista hasta la muerte», dice. Con el tiempo, este militante veterano nacido en Extremadura también se ha llegado a sentir abertzale. Después de formar parte del PCE y otros partidos, desde hace 8 años es miembro de Alternatiba. Está a favor de aglutinar a toda la izquierda vasca.

El partido político Alternatiba ha realizado un documental sobre la vida del militante comunista Juan Puerto Morcillo, y ha organizado proyecciones en diferentes localidades, la primera será el 13 de diciembre en Gasteiz. Puerto (Calamonte, Extremadura; 78 años) vive en Bilbao desde que tiene 22 años.

Eres de Extremadura, y naciste durante la guerra del 36. ¿Qué recuerdos tienes de la infancia? Buenos y malos. Mis padres eran republicanos, pero no estuvieron metidos en política. Mi padre tan solo conoció el trabajo; es lo único que sabía hacer. Una vez pegaron a mi madre, porque estaba ayudando a un republicano agarrando su escalera mientras pegaba un cartel. El Franquismo se ensañó en Extremadura contra la gente partidaria de la República. Pero en cualquier caso tuvimos momentos funestos en la familia. Mi hermano mayor se rompió un brazo cuando tenía 9 años, el médico se lo escayoló, pero tenía el brazo infectado y jamás se lo miraron. Murió por la gangrena. Yo todavía no había nacido. Después, cuando tenía 4 años, mi padre se ahogó cuando trabajaba en una presa. Por aquel entonces mi madre estaba embarazada de mi hermana. Ella tuvo que trabajar muy duro para sacar la familia adelante. Trabajó como costurera en casa de varios ricos.

¿Cuándo y cómo fuiste adquiriendo conciencia política? Los chavales a los 12-13 años ya éramos adultos. Trabajábamos, y fue así como me fui concienciando a favor del comunismo. Recuerdo algo que me dijo un señor mayor llamado Antonio: que nunca me arrimara a los capitalistas, porque me explotarían por completo. En nuestro pueblo tenían a mucha gente en la miseria y la esclavitud. Pero de algún modo, aguantábamos. Luego en casa de la que acabaría siendo mi mujer, se escuchaba siempre la radio Pirenáica [oficialmente, era la Radio España Independiente irratia zen, creada por el PCE].

¿Hubo fusilamientos franquistas en tu pueblo, en Calamonte? Sí, a 62 personas. Solo en mi calle, a cuatro. En esa época vivían unas 5.000 personas en Calamonte. Trataban fatal a las familias de los fusilados. Por ejemplo, hacían firmar a las viudas que sus maridos habían muerto de forma natural a cambio de no llevarse a sus hijos para ser soldados y pudieran ayudar en casa. Todo esto me generó en mí ganas de luchar.

¿Tú conociste el hambre? Yo no, pero conocí a niños que pasaban hambre. Con tener pan y aceite, salvábamos el día, pero no era el caso de todos.

En 1960, con 22 años, vienes a Bilbao. ¿Por qué? Tuve tambíen oportunidad de viajar a Alemania y a Catalunya, pero Bilbao era la opción que más me tiraba. En mi pueblo había una barbería a la que llabaman la barbería del Athletic, donde se reunián muchos aficionados; yo entre ellos. Tenía ganas de venir a Bilbao, y me animé a hacerlo junto con unos amigos.

¿Dejando a la familia en Calamonte? Sí. Me costó mucho dejar allí a mi madre. Pero cuando dos años despúes murió mi abuelo, vinieron ella y mi hermana.

¿En Bilbao, a dónde viniste? Al barrio de Arangoiti, que por aquel entonces estaba en construcción. De cada diez, nueve éramos extremeños.

¿Cómo era el Bilbao que encontraste? Veía mucha pobreza, muchas chabolas. Yo empecé a trabajar en una cantera en 1960, y con lo que ganaba me pagaba el alquiler de una habitación. En 1962 empecé a trabajar en la fábrica de Etxebarria.

Antes has mencionado al Athletic. ¿Solías ir a San Mamés? Enseguida me aboné al Athletic, e iba a San Mamés con muchísima ilusión. Yo creo que todos los que vinimos de Extremadura éramos del Athletic. Una vez, antes de un partido del Athletic contra el Real Madrid, fuera del campo alguien me ofreció 60 pesetas por mi entrada. Por aquel entonces costaría unas 15, pero aún así, no le acepté el dinero y me quedé con la entrada. Faltaría más.

Cuando llegaste a Euskal Herria, ¿cuánto ganabas? Unas 450 pesetas a la semana. De ahí, 250 se iban para pagar las dos habitaciones que tenía alquiladas para mí, mi madre y mi hermana, además de la comida.

¿Cuál era el clima laboral? Al poco de entrar a Etxebarria, se convocó una huelga de dos meses. Había una gran represión, pero los trabajadores demostraban mucho valor.

¿Qué lograsteis con la huelga? Nada. Yo acababa de entrar, pero había gente que llevaba trabajando años y, al acabar la huelga, entraron como nuevos; tuvieron que empezar de cero. Por necesidad, tuve que empezar a hacer otros trabajos fuera del horario laboral, como por ejemplo cargar camiones en Otxarkoaga. Conseguí llegar a ganar mil pesetas a la semana, que nos permitía vivir con algo más de dignidad. Hasta que llegué a poder comprar una casa en el mismo Arangoiti, creo que en 1968, a los ocho años de llegar a Bilbao. Me costó 80.000 pesetas. Tres años antes me había casado, en Calamonte, tras lo que vino tanto mi mujer como toda su familia.

¿Cuándo empezaste a militar? Al entrar a trabajar a Etxebarria, en 1962. Me afilié a CCOO, pero tambíen empecé en el PCE. Eran tiempos de clandestinidad, había muchas reuniones. Entonces CCOO era el sndicato más combativo.

¿Alguna vez estuviste en cargos de dirección? Estuve en el PCEP pero no por ganas. Yo siempre he preferido trabajar en las bases.

En la época en que llegaste a Bilbao, ETA acababa de nacer, y algunos fundadores vivían en Bilbao. ¿Había alguna relación con ellos? Relación no. Conocía a un militante abertzale llamado Etxabe, porque vino a nuestro barrio, pero yo no sabía que era de ETA; lo supe después.

¿Estuviste preso alguna vez? No, aunque me detuvieron dos veces. Estábamos fichados. Yo no recibí torturas; psicológicas sí, y malos traros. Mucha gente pareció torturas físicas, pues la policía torturaba mucho. Además, tenían métodos concretos para controlar a la gente: si estaban siguiendo a un grupo de ocho, metían a siete en la cárcel y al octavo lo dejaban libre para después seguirle la pista. Como a mi no me metieron preso tras esas dos detenciones, tenía la preocupación de que me seguían.

¿Había en Euskal Herria un movimiento anti-franquista mayor que en España? Sí, mucho mayor, sin duda. En Extremadura había mucho miedo, y por eso mucha gente tenía una actitud servil. Aquí me sentía más agusto, a mi salsa. Había que pelear por la libertad, y el objetivo era quitarse a Franco de en medio. Había una nacionalismo nuevo estructurado –ETA-, y eso benefició al movimiento anti-franquista. Los del PNV también eran abertzales, pero no eran de luchar hasta el final.

¿Qué te pareció el camino emprendido por el PCE tras la muerte de Franco? El PCE era el partido organizado en la clandestinidad. Tenía gente con una gran conciencia de lucha. Pero luego llegó la mal llamada democracia y yo no fui partidario de ese tipo de transición. Escuchaba en el PCE que había que aceptar algunas cosas por los militares, pero yo siempre estuve en contra. Mira qué constitución se hizo, ¡una que no cumplen! ¿Dónde están el derecho a la vivienda y al trabajo digno…? Además, siguieron la misma policia y el mismo ejército, sin pedirles cuentas por los asesinados durante el franquismo. Dejé el PCE y creamos el EPK Partido Comunista de Euskadi. Tuvimos la ayuda de la URSS.

¿Qué tipo de ayuda? Teniamos contacto, nos decían que tenían un gran interés en fortalecer partidos comunistas vascos. Pero lo dejaré ahí, porque no quiero comprometer a cierta gente.

El PCE defendía el derecho de autodeterminación… Solo sobre el papel. Había poca actitud. Estando en el EPK tuvimos una mayor relación con gentes de la izquierda abertzale; sobre todo de HASI [Herri Alderdi Sozialista Iraultzailea]. En HASI estaba Txomin Ziluaga, que me gustaba mucho como político.

Santi Brouard tambíen era de HASI. Cuando lo asesinaron [1984], estuve en el homenaje que le hicieron en Bilbao. Fue increible, impresionante. Año y medio después, estuve en un pueblo de Sevilla, Badalatosa, en la inauguración de la barriada Santi Brouard. Fue un acto organizado por revolucionarios andaluces, la gente de Comisiones Obreras del Campo. Allí estuvieron Jon Idigoras yTxomin Ziluaga, junto con la viuda de Brouard y su hija. Recuerdo las palabras de la viuda [Teresa Aldamiz]; un discurso revolucionario, increible. Aparecieron pintadas contra Idigoras, pero nos reimos con ello. Fue en esa época cuando comprendí que se podía ser comunista y abertzale. Hasta entonces creía que era una contradicción. Yo era comunista -y lo seré hasta la muerte-, y defendía el derecho de autodoterminación, pero no me sentía abertzale. Con Idigoras y Ziluaga entendí que ambas cosas eran compatibles.

Después de estar en IU, hace ocho años participaste de la creación de Alterantiba. ¿Apoyaste la entrada en Bildu en el 2011? Sí, lo defendí. La izquierda abertzale ha podido tener un carácter sectario; yo mismo lo he conocido y sufrido, en Arangoiti, cuando estaba en Ezker Batua, nos llamaban cosas como fascistas. Pero siempre dije a mis compañeros que la izquierda vasca tenía que unir fuerzas. Han pasado muchas cosas, de todo tipo, pero aquí tiene que darse la confluencia de toda la izquierda. Cuando en 2010 Alternatiba empezó a tener conversaciones con la izquierda abertzale, me mostré partidario de la unidad de acción. Y creo que todavía debe de darse una mayor confluencia dentro de la izquierda vasca; por ejemplo, debemos colaborar también con Podemos-Ahal Dugu, o con Ezker Anitza. De todos modos, veremos qué vía sigue Podemos; creo que van por el camino del PSOE, hacia la socialdemocracia, con una actitud más progresista que los socialistas.

¿Estás a gusto con el trabajo que se hace desde EH Bildu? Sí, mucho. Arnaldo Otegi ha cohesionado a la izquierda abertzale, y eso le ha beneficiado también a EH Bildu. Es una persona íntegra, y creo en él. EH Bildu ha conseguido unos buenos resultados en las últimas elecciones autonómicas, el escaño número 18 es muy importante.

¿Sueles ir a tu tierra natal? Hace dos años desde la última vez.

¿Les dices a tus paisanos que estás en EH Bildu? Sí, no tengo problema en decirlo. Algunos me dicen que los de EH Bildu son asesinos y otras cosas. Son los medios de comunicación y los políticos los que les meten esas informaciones en la cabeza… Yo les explico qué es EH Bildu y cómo está Euskadi…

¿Será Euskal Herria un país independiente? Todavía falta mucho para eso, va para largo. Pero si la ciudadanía así lo quiere, lo acabará siendo.

¿Cómo ves el proceso de paz? En Extremadura se sufrió mucho con la Guardia Civil. Nos humillaban. Una vez me pillaron cogiendo bellotas y me obligaron a dárselas a los cerdos. Siempre le he tenido mucha rabia a la Guardia Civil, y no me duelen prendas en decir que cuando ETA asesinaba a algún agente a veces no me daba demasiada pena. Pero comprendí que de eso no podía venir nada bueno. Asi que hago autocrítica al respecto. En esto últimos años hay una nueva situación, y es impresncindible aprovecharla para construir la paz y la convivencia.

 
Traducido de la entrevista publicada en BERRIA y realizada por el periodista Enekoitz Esnaola. 

Diana Urrea habla de Fidel Castro, el gobierno PNV-PSE y los problemas del PSOE en En Jake – 28/11/16

Diana Urrea, compañera de Alternatiba y exparlamentaria de Euskal Herria Bildu ha participado en la tertulia política del programa de ETB2 «En jake» del 28/11/16. Vídeo resumen de algunas de sus principales intervenciones en torno a la crisis del PSOE, el pacto de gobernabilidad en Euskadi PNV-PSE o la muerte de Fidel castro. Puedes ver el programa completo en ETB a la carta.

Hasta siempre comandante

“La honra puede ser mancillada. La justicia puede ser vendida. Todo puede ser desgarrado. Pero la noción del bien flota sobre todo, y no naufraga jamás”

José Martí

Hector Prieto – Alternatiba

A 25 de noviembre de este 2016 tenemos que despedir a un grande, ha muerto Fidel Castro Ruz. Algunos lloramos su muerte y otros la estarán celebrando, pero nadie podrá negar que ha sido una de las personas más importantes del siglo XX, y quizás de la historia de Latinoamérica. De todas maneras, no es momento para el llanto, al fin y al cabo nadie es para siempre, aunque ha sido un referente histórico, ya ha tenido su momento; una vida intensa, peligrosa, sacrificada por su pueblo.

Muchos dirán que fue un tirano, pero estos sufren una amnesia selectiva, se han olvidado de la Cuba prerevolucionaria. Entonces la isla era el lugar de recreo de las clases pudientes americanas: casinos, hoteles de lujo y burdeles. Todo ello a costa del pueblo cubano, del campesinado sin tierra, lugar de grandes desigualdades. Claro, si tenías “cash” era el paraíso, de hecho mafiosos como Al Capone vivían a todo tren allí.

Lo cierto es que los Castro no tenían necesidad material de meterse en semejante cristo, pero algo tendría el joven Fidel cuando se puso en marcha. Lo que no tenía, era el apoyo de ninguna gran potencia, y no tenía un ejército detrás, se lo tuvieron que montar ellos solos, poniendo en juego su propia vida. Quisiera saber cómo se hubieran arreglado Pinochet, Videla o Franco sin soldados, sin tanques, sin aviones. Juraría que no hubiesen ni empezado.

Al final, con cuatro jóvenes armados con fusiles preacarios, montaron en un barco y marcharon contra un ejército bien pertrechado. Fidel no dirigió la revolución desde lo alto, no esperó desde un despacho los acontecimientos, él estuvo en primera línea de fuego desde el principio. Aquellos barbudos de Sierra Maestra tuvieron que ganarse la confianza del pueblo, que a la larga sería decisivo. La revolución no fue un golpe de estado.

Luego llegó lo peor, el bloqueo, Playa Girón y todas las amenazas, la presión mediática que han tenido que soportar. Encima su único aliado, la URSS, se fue al carajo en 1989. A pesar de todo, dotó al pueblo de alimentos básicos, educación y sanidad, Cuba no es el paraíso terrenal pero muchos vecinos de su entorno firmarían vivir allá. Luego, desde la comodidad occidental juzgamos muy fácil y pensamos en lo pobres que son, en la falta de libertad. Sin mirar lo libres que son los haitianos, sin comida, sin techo, medicamentos ni gobierno.

Como todos, también tenía sus contradicciones como persona, la perfección solo la tienen seres divinos que viven en nuestras mentes y Fidel era solo un ser humano más, un hombre extraordinario pero un simple mortal. Este hombre tenía la necesidad de intentar cambiar el mundo, y puso sobre el tablero su pellejo, pocos tenemos arrestos para poner el pecho por delante.

Quienes se alegran de su muerte piensan que podrán recuperar sus privilegios, vistiéndolos de democracia. Pero la llevan clara, el pueblo cubano es culto y no aceptará pasar de lo básico a la miseria. Puede que la isla cambie algo pero el legado de Fidel Castro a Cuba y al mundo quedará por largo tiempo. Si la historia lo ha de juzgar, el tiempo nos dará su veredicto.

Agur eta ohore

Del blog Atxabalta reDvolution

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